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Sitio dedicado a los estudiantes,profesores de Educacion fisica,Preparadores fisicos,profesionales de kinesiologia y afines para brindar una correcta informacion acerca temas relacionados con la kinesiologia y entrenamiento deportivo

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HAEDO, BS.AS, Argentina
LICENCIADO EN KINESIOLOGIA Y FISIATRIA. PROFESOR NACIONAL DE EDUCACION FISICA. ENTRENADOR DE ALTO RENDIMIENTO DEPORTIVO. Actualmente:Preparador Fisico y kinesiologo del Club Atletico River Plate. Para asesoramiento y consultas o prestacion de mis servicios conectate via mail.javiercili@yahoo.com.ar

viernes, 30 de enero de 2009

LA FABRICA DE RIVER

C:\Documents and Settings\Usuario\Mis documentos\RIVER\La fábrica de River - lanacion_com.htm La historia es la misma de siempre. River atesora fortunas con la venta de talentos nacidos en su propia cantera. Las cifras no mienten. La bolsa de valores de todas las divisiones inferiores es la que mayor dividendos le ha proporcionado a las arcas del club. Casi 30 millones de dólares, por ejemplo, embolsó el año último con las ventas de Ariel Ortega, Hernán Crespo, Matías Almeyda y Mariano Juan. Los responsables de este trabajo tan preciado tienen nombres y apellidos: el brasileño Delem es el director general de las divisiones inferiores; Jorge Busti está al frente de la 4a., 5a., y 6a. división; José Pintado, de la 6a. y la 7a., y Galdino Luraschi, de la 9a. El equipo de trabajo se completa con los preparadores físicos Marcelo Breglia, Javier Ciliberti y Leonardo Busti; Luis Landaburu se ocupa de entrenar a los arqueros y José Curti y Oscar Pérez son los encargados de seleccionar a los jugadores. Detrás de estos nombres también hay historias. Anécdotas de esos pibes que un día anclaron en River y hoy son figuras que valen millones... Ortega, en zapatillas. El Burrito Ariel Ortega llegó una tarde lluviosa de 1991. El ómnibus que lo traía de Ledesma, Jujuy, hizo la última parada en la terminal de Buenos Aires. Allí lo esperaba un emisario de River para llevarlo al Monumental a cumplir una prueba de rutina. "Apenas llegó le dijimos que descansara en la pensión y que al día siguiente iba a tener una oportunidad. ¿Y sabés qué dijo Ortega? Que él venía de Jujuy para jugar y que no iba a esperar ni un minuto", recuerda Jorge Busti. "Entonces, lo probamos con la tercera. Ortega no tenía botines, así que jugó en zapatillas. Y fue increíble el baile que les dio a los defensores. A la semana estábamos todos preocupados, porque Ortega no venía. Pero volvió. Después, cuando jugó por segunda vez, ya supimos que no había que dejarlo escapar." Otra figura: Gallardo. El primer día de Marcelo Gallardo en River fue muy particular. Acompañado por su padre, Máximo, Marcelo fue al Monumental porque se había enterado de que el club hacía pruebas para descubrir nuevos talentos. Pero el tema no resultó tan sencillo como se esperaba. Las agujas del reloj sumaban varias horas y El Muñeco esperaba su turno a un costado del campo de juego. Hasta que el cansancio fue más fuerte que las ganas; entonces, se puso de pie y se encaminó hacia la salida. "¿A dónde vas?", le preguntó Gabriel Rodríguez, el técnico. "A mi casa, si no me ponen nunca", le contestó. Acto seguido, Gallardo entró en el equipo de los titulares. Pero esa alegría no le duró mucho. Apenas iban 10 minutos de la prueba y Marcelo dejaba otra vez la cancha. El técnico, asombrado, volvió a preguntar: "¿A dónde vas, ahora?". Y El Muñeco contestó: "A mi casa, si estos morfones no te dan un pase, ¡póngame en el otro equipo!" Al final, el técnico lo puso en el equipo suplente. Marcelo convirtió dos goles y no le podían sacar la pelota. "Lo asombré tanto al técnico que no paraba de decir: pásensela al de verde... Ese era yo", recuerda Gallardo. Jorge Busti lo definió de una manera especial: "Marcelo fue el jugador que más impresionó apenas comenzó a jugar. Sobre todo, por el ingenio que tenía. Siempre estaba bien ubicado en la cancha y ya se notaba que era muy inteligente", cuenta. Crespo, como Ramón Díaz. Hernán Crespo se fue a probar de muy chico con cuatro amigos de la escuela. El fue el único que quedó de ese grupo, aunque la noticia le llegó cuatro semanas después de aquella prueba. "Sorprendió por el olfato goleador y por la eficacia que tenía para definir dentro del área. Además, integró el banco de primera sin jugar ni siquiera un partido en la reserva", asegura Delem. En 1991, ya en las inferiores, Crespo alcanzaba pelotas en los partidos del campeonato de primera división, en el Monumental, y se abrazaba con Ramón Díaz, cada vez que el riojano marcaba un gol. Almeyda, a pura dieta. Después de tres pruebas rigurosas, y apenas le dieron el sí para quedarse, el muchacho de Azul se instaló en un hotel de Constitución. "Ahí compartía el baño y la cocina con otros chicos. Antes de irme a cada entrenamiento dejaba mi comida lista en la heladera para no tener que cocinar cuando volvía. Pero, generalmente, algún gracioso se la robaba. Y terminaba siempre comiendo una manzana", recuerda Almeyda con una sonrisa. "Soporté esto un mes. Después me fui a vivir con mi tía a Temperley, y más tarde los padres de mi novia me permitieron vivir con ellos. De ahí en más, todo fue más fácil, pero al principio me quería volver para Azul." En la actualidad, River cuenta con 280 chicos en las divisiones inferiores, que tienen a disposición una asistente social y una nutricionista, en procura de lograr una buena formación. Entre los juveniles, hay 32 chicos que son del interior y se hospedan en la pensión del club. Estos jóvenes trabajan tres horas por día en las oficinas del club y cobran 200 pesos mensuales para gastos personales. "Para que estén ocupados en algo útil y aprendan a administrar su propio dinero", dice Alfredo Davicce. Y el vicepresidente de River también es parte de este logro. Por eso, dice con mucho orgullo: "Tuve la suerte de encontrar a esta gente que ha realizado un gran trabajo. Impecable, diría. Y bueno..., ésta es la verdadera fábrica de River. Acá, en la concentración, es donde se crían los jugadores. Mírenla y vean cómo es, porque vale oro". Pablo Tomino El arte de saber descubrir a los cracks Sin dudas, detrás de un estupendo trabajo en las divisiones inferiores de River hay un excelente grupo de profesionales. Sabios conocedores en esta materia de descubrir cracks.Vladem Lázaro Ruiz Quevedo (Delem), el director general, encalló hace ocho años en la cantera millonaria para cumplir con viejo rito que profesa desde hace un largo tiempo: enseñar lo que sabe. "No sé qué haría sin el fútbol. Nunca me pude despegar de él. Es como un vicio sano. Mirá que supe dirigir en primera división, pero estar en las inferiores te entusiasma más porque preparás a los cracks del mañana." Como director técnico, comenzó a trabajar en 1970. Con Didí se hizo cargo de las divisiones inferiores de River hasta 1974 (en 1973 también dirigió la primera). En 1975 continuó con la primera de Huracán y en 1978 se fue una temporada a trabajar con las divisiones inferiores de un equipo de Arabia Saudita. Después de un año volvió y recaló en Argentinos Juniors. Más tarde, en 1980, fue a San Lorenzo. En 1986 se convirtió en el director técnico de Gimnasia y Esgrima de Jujuy y lo clasificó para que jugara el Nacional B ´87. Gimnasia y Esgrima de Mendoza fue su última escala antes de llegar a River. Alfredo Davicce ganó las elecciones a fines de 1989 y Delem se convirtió en el director general de las divisiones inferiores de River. "¿Por qué River saca jugadores de primera calidad y los vende en una buena suma de dinero? Fácil. Contamos con una buena organización de trabajo en el interior del país y en la institución. River le paga a 8 o 9 personas, que están encargadas de acercarnos información sobre algún jugador que se destaque en su liga, o en el club de su pueblo. Por ejemplo: a Pablo Aimar lo vio Busti y enseguida lo recomendó. Tratamos de trabajar así, con contactos, para que luego vaya un técnico, lo observe detenidamente y lo traiga a practicar a la Capital". La llegada a la gran ciudad es uno de los escollos más duros que un pibe del interior debe afrontar. A kilómetros de distancia queda su pueblo, la familia, los amigos. Es un golpe anímico para el cual los chicos, a su temprana edad, no están preparados. "Tratar de darle bienestar al que recién viene de las provincias es una de las tareas más arduas. Aquí también se ve la mano del técnico que, en cierta manera, debe cumplir con la función de un padre. Debe guiarle el camino que debe seguir. Si no estuviéramos nosotros, casi todos los jugadores se volverían a la semana." Uno mira la calidad que envuelve a las inferiores de River y piensa si se puede mejorar, lo que podría considerarse perfecto. No todos los clubes tienen esta suerte. "Siempre apuntamos para arriba. Creo que no hay un techo para decir: hasta acá llegamos, pero estamos muy satisfechos por lo que logramos en estos ocho años de trabajo". Busti, otro responsable El entrenador Jorge Busti, un experto en la materia, asegura que a cada jugador se lo prepara para actuar en la primera división. "Ellos saben que, a medida que crecen, un día van a jugar con los profesionales. Puede que todos no lleguen a triunfar en River, pero tendrán posibilidades en otros clubes", dice. "River tiene una red de hombres en los distintos puntos del país que descubrir jugadores y nosotros les tomamos una serie de pruebas. ¿Qué tienen que tener para quedarse en River? Deben poseer buena técnica. Es lo principal. River tiene una línea de juego y hay que respetarla. Ahora viene una camada interesante de jugadores que van a dar que hablar...", asegura Busti. A cada profesional siempre se lo respeta por su trabajo y su obra. Con su dedicación, Delem y la gente que lo rodea dejaron una huella profunda en la historia de River. Y también unos cuantos billetes...